El despliegue incluyó una presencia policial reforzada en distintos puntos de la ciudad, generando un entorno controlado y con menor afluencia de fieles
La celebración del Domingo de Ramos en Jerusalén se vio marcada este 29 de marzo de 2026 por restricciones de acceso y seguridad que impidieron el desarrollo normal de las ceremonias religiosas en uno de los puntos más emblemáticos del cristianismo.
Autoridades israelíes limitaron el ingreso de fieles y líderes religiosos a la Iglesia del Santo Sepulcro, en la Ciudad Vieja, lo que derivó en la cancelación o modificación de actividades clave de esta fecha que marca el inicio de la Semana Santa.
Operativo de seguridad restringe celebraciones
De acuerdo con reportes de medios internacionales, elementos de seguridad instalaron retenes y filtros en accesos estratégicos, impidiendo el paso de numerosos peregrinos, incluidos algunos procedentes de Cisjordania.
Las medidas también afectaron la tradicional procesión desde el Monte de los Olivos, una de las expresiones más representativas del Domingo de Ramos, que en años anteriores congregaba a miles de personas.
El despliegue incluyó una presencia policial reforzada en distintos puntos de la ciudad, generando un entorno controlado y con menor afluencia de fieles.
Gobierno de Israel justifica decisión por seguridad
El gobierno israelí defendió las restricciones al señalar que responden a un contexto de alta tensión en la región, en medio del conflicto en Medio Oriente y ante posibles riesgos durante concentraciones masivas.
El primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó que las medidas fueron de carácter preventivo y necesarias para garantizar la seguridad en una ciudad que suele registrar alta afluencia durante fechas religiosas.
Posteriormente, y tras críticas internacionales, autoridades permitieron el acceso limitado a líderes religiosos para continuar con algunas actividades de la Semana Santa.
Críticas por afectaciones a la libertad religiosa
La decisión generó reacciones y cuestionamientos a nivel internacional, al considerar que las restricciones impactaron directamente en el ejercicio de la libertad de culto.
Organismos religiosos, como el Patriarcado Latino de Jerusalén, señalaron que impedir o limitar la celebración de una fecha clave del calendario cristiano representa un hecho preocupante por su significado espiritual e histórico.
Asimismo, gobiernos europeos y líderes internacionales expresaron inquietud por el precedente que podría representar este tipo de medidas en sitios considerados patrimonio religioso mundial.
Peregrinos afectados en una fecha clave
La situación también impactó a peregrinos internacionales que viajaron a Jerusalén para participar en las celebraciones, muchos de los cuales no lograron ingresar a los lugares sagrados.
La menor afluencia y el ambiente de vigilancia contrastaron con años anteriores, cuando el Domingo de Ramos se desarrollaba con mayor apertura y participación masiva.
Jerusalén, entre la seguridad y la fe
El episodio refleja la complejidad de Jerusalén como un punto donde convergen intereses religiosos, políticos y de seguridad, especialmente en periodos de alta sensibilidad como la Semana Santa.
Mientras las autoridades priorizan medidas preventivas, el debate sobre el equilibrio entre seguridad y libertad religiosa vuelve a tomar relevancia en una de las ciudades más emblemáticas del mundo.
El Horizonte