Superar el límite no es rendirse. Si la humanidad fracasa temporalmente y la temperatura global rebasa la línea roja de 1.5°C, no debemos dar la batalla por perdida.
El 21 de octubre de 2026 en Londres el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente anunció y publicó el “Informe sobre la Brecha de Emisiones 2026: El punto de retorno” (Emissions Gap Report 2026).
La pregunta ya no es si habrá exceso de gases de efecto invernadero (GEI) que detonen un aumento de temperatura superior a 1.5° C, sino cuánto y por cuánto tiempo. El escenario menos grave posible que suponen es que el pico de calentamiento para 2050 sea de 1.7°-1.8°C.
Para regresar a menos o igual a 1.5°C para 2100, con un 50% de probabilidad, se necesitan remover 320.0 Gt (1.0 Gt=gigatonelada=1,000 millones de ton/CO2) para 2100.
Las reducciones urgentes de GEI que se necesitan de 2025 a 2030 es de un 18.0%, a 2035 un 45.0% y a 2040 un 69.0 por ciento.
Con Contribuciones Determinadas Nacionales (NDCs-Nationally Determined Contributions) actuales de los países obligados se calcula que llegaremos a un incremento de 2.8°C este siglo. Estas proyecciones se establecen por la premisa de que por cada cinco años que sigamos emitiendo los volúmenes actuales de GEI, la temperatura global sube 0.1°C.
Calentar el planeta es (por ahora) más barato y más fácil que enfriarlo. No es por falta de información. Es por la naturaleza de nuestro sistema económico global: seguimos quemando combustibles fósiles porque es la base del PIB, de una economía mundial petrolizada.
El 80% de la energía del mundo sigue siendo sucia: a partir del petróleo, gas y carbón. Cada punto de crecimiento económico todavía está ligado a más energía. Y la energía barata y disponible sigue siendo fósil. Cambiar a solar/eólica requiere inversión inicial gigante, redes nuevas, baterías.
El mundo invirtió como nunca en energías renovables en 2024, pero también puso récord histórico en energías fósiles. No hemos cumplido las promesas del Acuerdo de París. Esa brecha de 10.0 -13.0% es la diferencia entre promesas y acciones. El CO2 que hemos emitido hasta el día de hoy durará 300 años en la biósfera. Aunque hoy apagáramos todo, quiere decir que si abandonáramos totalmente la quema de combustibles fósiles. El planeta seguiría calentándose por lo que ya emitimos desde 1850. Estamos viviendo algo que se denomina “inercia climática”.
Para volver al primer objetivo de detener el calentamiento global en sólo 1.5°C en 2100, necesitamos no sólo dejar de emitir, sino “quitar CO2 de la atmósfera” después de 2050. Nadie quiere pagar esos grandes costos todavía.
Calentar el planeta no tiene un culpable único al que puedas multar. Somos ocho mil 350 millones de seres humanos: cada vuelo barato, cada kilo de carne, cada casa con aire acondicionado, cada fábrica que da empleo. Todos somos los responsables.
Dejar de calentar el planeta implica decir: tú pagarás más, tú consumirás menos, tú cerrarás tu planta. Ningún gobierno gana elecciones diciendo eso. Por eso seguimos calentando: porque la física dice que tenemos que parar ya, pero la economía y la política dicen que podemos parar mañana. Aunque las energías renovables crecieron tres veces más rápido de lo previsto desde el Acuerdo de París (2015), la energía solar (fotovoltaica) siete veces más rápido y el uso de carbón y de petróleo crecieron más lento de lo proyectado. Las políticas climáticas evaluadas son insuficientes.
El sector eléctrico tuvo una reducción global de 9.0% en promedio. Tuvimos un significativo avance del nuevo mecanismo de mercado de emisiones (cap-and-trade) de 5.0 a 13.0%; el programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (ONU medio ambiente) pide para el segundo inventario global (Global Stocktake) de GEI, lo siguiente: extender metas a 2035 y 2040.
Para 2035 debemos triplicar la capacidad renovable eléctrica vs. 2025. Reducir 30.0% la intensidad energética del PIB, reducir el uso de carbón un 55.0%, del petróleo un 15.0%, del gas un 5.0%, del carbón eléctrico un 75.0%, reducir emisiones globales de metano en un 25.0 por ciento.
Para 2040: aumentar 4.5 veces las energías renovables, reducir un 40% la intensidad energética del PIB, reducir el uso de carbón en un 75.0%, del petróleo en un 30.0%, de gas de un 35.0%, el carbón eléctrico se debe eliminar totalmente y reducir las emisiones globales de metano en 40.0%; la frase final clave expresada por el secretario general de ONU, Antonio Guterres, fue “Overshoot is not surrender” que significa en español: superar el límite no es rendirse. Quiere decir que, si la humanidad fracasa temporalmente y la temperatura global rebasa la línea roja de 1.5°C, no debemos dar la batalla por perdida.
Aquí algunas acciones personales que ayudarán a reducir el calentamiento global: cambia un vuelo al año por uno en camión o en tren: ahorrarás 1.2 toneladas de CO2. Si usas coche, comparte o usa transporte público dos días a la semana. Un auto emite aproximadamente 4.6 ton/CO2/año.
Mantener tus llantas bien infladas reducen hasta un 3.0 % el consumo de gasolina. Reduce tu consumo de carne roja de 5.0 a 1.0 vez por semana: dejarás de emitir 0.9 ton CO2/año y reducir un 30.0% tu huella hídrica. La carne de res usa 15 mil litros de agua por kilo.
En un país como México con tres mil 692 m3/hab/año, es un lujo hídrico. Compra alimentos de producción local y de temporada: un kilo de fresa importada de USA generan cinco veces más emisiones de CO2 que la de Amealco. Cambia todos tus focos viejos por focos LED y desconecta vampiros (TV, micro, cargadores) reduciendo tu consumo eléctrico.
Usa calentador solar: se paga en dos años y te ahorra 70.0% del gas. Repara fugas: un inodoro que gotea equivale 10 mil litros/mes perdidos. Dúchate en cinco minutos, no en 15: ahorrarás 80 litros por baño. Una azotea de 80 metros cuadrados puede captar 36 mil litros/agua lluvia/año. Usa menos jeans. Para cumplir en el objetivo del UNEP para 2030 reducir un 18.0% nuestra huella de carbono.
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