Algo que vale la pena leer

El Pozo

No hay mayor crueldad que el cuidado prestado sin afecto, es una forma cruel de mantener con vida el sufrimiento.

Imaginemos la premisa. Oghi, profesor universitario despierta en la cama de un hospital. Recuerda entonces que viajaba en coche con su esposa. Su diagnóstico médico no es alentador, padece parálisis total e incapacidad de comunicarse. Sin familiares cercanos, el cuidado de Oghi recae en su doliente suegra. Cuando sale del hospital confinado a una lenta recuperación en casa, el microcosmos opresivo que se genera revelará solo el comienzo de una profunda introspección que va más allá de la simple narrativa para ofrecernos un panorama mucho más reflexivo.   

Se trata de una de las obras más inquietantes y lúcidas de la narrativa moderna, ganadora en 2017 del “Premio Shirley Jackson” y traducida apenas este 2026 al español por Destino, Editorial Planeta: “El Pozo” de la reconocida autora surcoreana Hye-Young Pyun. 

Partiendo de una atmósfera asfixiante desde el inicio, Pyun, logra consolidar un thriller psicológico existencial que omite lo sobrenatural para trasladar el horror a lo más simple y cotidiano. ¿Justicia o venganza? ¿Qué vacío alimentamos diariamente mientras creemos que construimos el futuro? ¿De qué vale el arrepentimiento tardío?

Las respuestas se encuentran en poco más de las 200 páginas de una novela que supera el disfrute convencional de lectura, para llevarnos más bien, a una extraña y sofocante fascinación. Valga decir que, de manera muy sólida, existe además una marcada diferencia con su referencia obligada a Misery del tiíto Stephen King, comprendida desde: La psicosis explícita a la fría justicia doméstica; la lucha por la supervivencia a la disección de la culpa, y finalmente, de la víctima inocente a otra no tanto. Así, el trabajo de Pyun opera en un plano narrativo completamente distinto.

Desde su cama, inmóvil pero completamente consciente, Oghi escucha el sonido de una pala cavar en el jardín. Un pozo necesita tiempo y brazos. Lo difícil no es cavarlo, sino decidir cuándo y qué, enterrar en él.

En tiempos de monopolio digital y tecnológico, leer un libro, es hacer revolución. Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector. C/816.