Aquí en confianza: No es lo mismo, pero es igual

Si todo resulta conforme lo planeado, el día de hoy habrá entrado en vigor el nuevo pacto comercial entre los vecinos de América del Norte. Una vez que los tres países informaron que han sido cumplidos los procedimientos internos para la correspondiente implementación, el T-MEC se encuentra listo para empezar a producir sus efectos.

 

Lo anterior,  se convirtió en un motivo de regocijo para el mandatario mexicano, quien anunció que en breve (sin señalar una fecha concreta), viajará a Washington para reunirse con su homólogo norteamericano; eso sí, en vuelo comercial, pues el TP01 continúa en espera de ser rifado en el próximo mes de septiembre (emoji de guiño). “Me reuniré con el presidente Donald Trump para celebrar el logro de este acuerdo”, dijo el principal inquilino de Palacio Nacional, desde el estrado mañanero. Al respecto, parece que poco importa la presencia del Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, en la referida reunión; el propósito es departir con quien representa a la nación de las barras y las estrellas, ¡y ya! (dijera el comediante Franco Escamilla).

 

Respecto al viaje de marras, conviene hacer una serie de reflexiones.

 

Primero, esta sería la primera ocasión en la que el señor López realice una gira al extranjero desde que asumió la titularidad del ejecutivo en diciembre de 2018. Recordemos que hace un año, el gobernante declinó la invitación para participar en la reunión de líderes mundiales del G20, celebrada en Osaka. En aquella ocasión, el tabasqueño envió una carta al Primer Ministro Japonés, Abe Shinzo, en la que se disculpaba por su inasistencia. “En México hay asuntos urgentes que requieren mi atención y permanencia en el País”, rezaba la misiva. Y los malquerientes se preguntan: ¿la cosa ya mejoró o por que ahora sí es posible efectuar una travesía para visitar nada menos que la Casa Blanca?

 

Segundo, el mentado viaje se hará en medio de una pandemia sin precedentes, cuyos devastadores efectos tienen a la humanidad en vilo y será precisamente al país que se mantiene como el más afectado del mundo por los incesantes embates del COVID-19. Lamentablemente, el feudo del Tío Sam ya superó los dos millones y medio de contagios y se han registrado más de 125 mil defunciones a causa de este mal. Y los murmuradores susurran: ¿acaso el mandamás mexicano tomará medidas responsables frente al coronavirus o continuará desdeñando el uso del cubrebocas y la medición de temperatura?

 

Tercero, la visita del macuspano al “gabacho” se efectuará en pleno proceso para la renovación de la presidencia de aquel país. Vale la pena destacar que el pasado 19 de junio, el magnate neoyorquino lanzó oficialmente su campaña para la reelección, bajo el lema: “Mantengamos grande a los Estados Unidos”. En tales circunstancias, seguramente el discurso de odio hacia los latinos no se hará esperar y a través de sus ya acostumbradas arengas, Mr. Trump tratará de revertir los catorce puntos que – según las más recientes encuestas –  le lleva de ventaja el demócrata Joe Biden. Y los malpensados se cuestionan: ¿será que la encomienda del presidente mexicano es dar el espaldarazo al candidato republicano en una estrategia de apoyo electoral? y, de ser así, ¿qué compromisos se estarán cumpliendo a través de esa muestra de solidaridad política?

 

Fue en el mes de agosto del año 2016, cuando Enrique Peña Nieto recibía a Donald Trump en la residencia oficial de los Pinos, hoy convertida en complejo cultural. Entonces, el de Atlacomulco se hizo acreedor a los más ácidos ataques por haberse reunido con quien era considerado un enemigo de los mexicanos. Algunos de los epítetos que alcanzaron al otrora mandatario azteca son verdaderamente impronunciables (y vaya que soy mal hablado). Traidor, sumiso y “vendepatrias”, fueron algunos de los más tiernos calificativos que en aquella ocasión se lanzaron sin misericordia a Peña. No se equivoca usted amable lectora (mi mamá), uno de los más férreos críticos fue quien – por aquellos ayeres – se desempeñaba como dirigente nacional de MORENA, Andrés Manuel López Obrador; el mismo que más temprano que tarde, estrechará la mano de aquel que en 2015 sentenció: “No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable y que dejen de estafar a los Estados Unidos”.

 

Aquí en confianza, que el candidato venga acá o que el presidente vaya allá, como dice Gilberto Gless al imitar al Charro de Huentitán: “No es lo mismo, pero es igual”. Ahí se los dejo para la reflexión.

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