«Un mundo feliz»: 3 inquietantes tendencias que la famosa novela distópica de Aldous Huxley predijo hace casi 100 años

Un mundo en el que las personas pueden tener todo el sexo que quieran pero en el que su reproducción se da de manera sintética, a través de clonación.

Un mundo en el que comprar cosas nuevas hace que la gente se olvide de sus problemas y, si las compras no sirven, hay un medicamento con el que los pueden olvidar.

Un mundo en el que nadie envejece, en el que no existen las familias porque «todo el mundo le pertenece a los demás», en el que todos están cómodos con sus vidas y en el que quejarse está mal visto por ir en contra de la sociedad.

Un mundo de «comunidad, identidad y estabilidad».

Ese es el mundo distópico que el inglés Aldous Huxley describe en su famosa novela Brave New World («Un mundo feliz»), libro que ha fascinado y aterrorizado a millones de lectores desde su publicación, en 1932.

Las razones por las cuales el libro mantiene su vigencia después de tantas décadas son varias. Quizá la más importante es que logró proyectar hacia el futuro las tendencias sociales de la época y acertar en muchas de sus predicciones.

Además, se atrevió a hacer preguntas que siguen resonando –hoy más que nunca, con el auge de la IA– sobre el propósito de la vida humana en la Tierra.

«Es tan interesante lo que [Huxley] vio sobre el futuro en ese libro», le comentó a BBC Mundo Nathan Waddell, profesor de literatura inglesa de la Universidad de Birmingham.

«La sorprendente capacidad de anticipar cosas con las que estamos lidiando actualmente demuestra también que, hasta cierto punto, estamos lidiando con problemas antiguos», agrega.

Aldous Huxley, con traje y un lapicero en la mano.
Pie de foto,Aldous Huxley (1894-1963) fue un prolífico autor británico que rompió los esquemas de su época.

El profesor de literatura de la Universidad de Montclaire John Greenberg coincidió con Waddell: «Es la razón por la que el libro ha mantenido su vigencia y esa especie de interés permanente en las personas que quieren entender hasta dónde nos ha traído la cultura moderna».

Pero, ¿qué exactamente fue lo que logró predecir Huxley hace casi ya 100 años?

1. Bebés en masa y eterna juventud

Una técnico preparando una fertilización in vitro.
Pie de foto,Huxley predijo no solo técnicas como la fertilización in vitro y la clonación, sino también la búsqueda de la eterna juventud.

La novela arranca con la explicación de un profesor a un grupo de estudiantes del detallado proceso de reproducción artificial al cual esta sociedad ficticia se ha sometido para «garantizar la estabilidad de todos».

En el libro, Huxley explica que a los óvulos se les estimula artificialmente para que generen varios gametos a través de un procedimiento ficticio llamado «proceso Bokanovsky», un referencia irónica al político francés de la época Maurice Bokanovsky, quien defendía la racionalización de las industrias.

«Hombres y mujeres estandarizados; en lotes uniformes. Todo el personal de una pequeña fábrica con un solo solo óvulo bokanovskizado», se explica en el libro.

Lo que más llama la atención de esta descripción, es que se hace en un libro de 1932, casi 12 años antes de que se descubriera el rol genético del ADN.

De hecho, no fue sino hasta 1978 que se dio el primer nacimiento a través de una técnica de fertilización in vitro.

Waddell explicó que para «Un mundo feliz» Huxley se inspiró visitando distintas fábricas en Reino Unido, entendiendo sus sistemas de optimización de procesos, y mezclando con ellas varias de sus ideas –populares en la época– sobre la eugenesia: la desacreditada idea de que los seres humanos se pueden mejorar a través de la manipulación de su herencia genética.

Trabajadores de la fábrica de Ford en los años 20.
Pie de foto,Los personajes de «Un mundo feliz» tienen una admiración casi religiosa por Henry Ford, quien revolucionó la eficiencia industrial con la línea de ensamblaje.

«Una de las cosas que hace Huxley es recurrir a ideas que flotaban en el ambiente de aquella época y combinarlas con esos procesos industriales», explicó Waddell.

«Su planteamiento es que, si logramos tomar ciertas actividades hacia las que los seres humanos avanzan a tientas y con lentitud, y las vinculamos con la eficiencia industrial, entonces nos catapultaremos hacia un futuro utópico», continuó.

«Otras personas de la época estaban empezando a pensar en fertilización in vitro», resaltó Greenberg, «pero poder prever que la reproducción se pudiera redibujar a esa escala y después combinarlo con las ideas de la ingeniería genética, de sintetizar un ser humano prácticamente a medida, con los rasgos que se quieran… creo que fue algo visionario».

Además, el uso de la bioingeniería en «Un mundo feliz» no solo se queda en la reproducción: la optimización de los procesos hace que los seres humanos no solo crezcan a velocidades aceleradas, sino que se mantengan jóvenes y hermosos durante todas sus vidas.

«Todos los estigmas de la vejez han sido abolidos», dice el libro, «y con ellos, todas las peculiaridades mentales de la mente del viejo. Las personalidades permanecen constantes a través de las vidas».

«Otro aspecto que parece reflejar muy bien nuestra época —aunque supongo que la situación era muy similar en los años 20 y 30— es la idea de la belleza y la juventud», explicó Greenberg.

«La idea de que podemos controlar nuestra belleza y nuestra juventud y conservarlas para siempre, y la conmoción que sienten al ver a un ser humano que ha envejecido: casi todos en el libro son adultos jóvenes, es una cultura totalmente centrada en la juventud», agregó.

2. Pastilla de la felicidad

Frascos de medicina en una línea de producción.
Pie de foto,Huxley predijo la dependencia de la humanidad a los fármacos, ya sean recreativos, para la salud mental o para la salud.

Otro de los aspectos característicos que presenta «Un mundo feliz» es la sustancia conocida como soma: el libro lo describe como un medicamento «perfecto», además de «eufórico, narcótico, agradablemente alucinante».

«Esa idea del complejo farmacéutico», dijo Greenberg, «de que vives en un mundo en el que tienes mal genio o algo está mal y simplemente te tomas un soma es algo que mis estudiantes, cuando discutimos el libro, captan como parte de la cultura actual».

«Ya sean los antidepresivos, las drogas recreativas, o incluso, las ayudas para dormir –que ya existían en esa época– son ideas que parecen haberse extendido hasta nuestros tiempos».

La idea de una sociedad dependiente de sustancias químicas resuena fuertemente en el momento actual: organizaciones prestigiosas como la Universidad de Harvard y el Centro Nacional para las Estadísticas del Abuso de Drogas estiman que más del 16% de la población en EE.UU. usa antidepresivos de manera continua y 51,2% del país ha probado algún tipo de narcótico, así sea una vez.

La novela incluso explica que el uso del soma recorta la vida de los individuos que lo consumen y cómo el éxtasis de las «vacaciones soma» justifica esa existencia acortada.

Personas con vestidos de fala celebran en la noche
Pie de foto,Huxley creía que la mejor manera de controlar a las personas era dándoles todo lo que quieren.

Es precisamente esa exploración de la gratificación inmediata –idea que surge del concepto de la optimización del que nace la novela– la que termina convirtiéndose en una de las líneas más llamativas del libro.

Waddell contó que existe una famosa carta que Huxley le mandó al también escritor inglés George Orwell después de la publicación de 1984, la gran novela distópica en la que el estado controla todos los movimientos de los individuos.

Huxley le agradece por el libro y le cuenta que le encantó, pero «básicamente le dice que está equivocado», afirmó el profesor.

Luego parafraseó la carta así: «No necesitas todo eso para hacer que la gente haga lo que quieres. No hace falta obligarlos a obedecer a base de golpes; basta con darles todo lo que buscan. Y entonces los tienes atrapados. Básicamente, los vuelves adictos al placer de un tipo u otro, ya sea corporal o mental».

3. El placer inmediato

Un brazo mecánico naranja sostiene y toca un violín.
Pie de foto,Huxley habla de máquinas que pueden producir «música sintética».

Basándose en la idea de la gratificación inmediata, Huxley hace otras predicciones que suenan alarmantemente cercanas en la era de la IA.

Un ejemplo son sus «máquinas de música sintética».

«Arte sintético con solo pulsar un botón, que en cierto modo es indistinguible de cualquier otra cosa y resulta igual de agradable de escuchar para mucha gente, pareciera calcado de 2026, ¿no te parece?», reflexionó Waddell.

Explicó que este elemento de arte producido para el consumo es una preocupación que comparten Huxley y Orwell. Es algo que ambos a su vez heredaron del abuelo de las novelas que buscan predecir el futuro, el inglés H.G. Wells, pero a la vez es algo que refleja elementos de sus propias creencias.

«Sin duda parecía estar preocupado por la idea de que estábamos eliminando lo que podrían considerarse restricciones o barreras naturales para la satisfacción de diversas necesidades y deseos, a tal punto que no existe –como él dice– ningún intervalo entre el deseo y su satisfacción», dijo Greenberg.

La actriz Sydney Sweeney en una valla en Times Square en Nueva York.
Pie de foto,El libro refleja la hipersexualización de los habitantes del mundo distópico como una manera más de control.

Huxley, a su vez, usa el sexo en su novela para explorar la idea de la gratificación inmediata.

En este mundo distópico, el sexo se permite de manera generalizada, pero solo como elemento de diversión, no de reproducción.

De hecho, la cultura popular del mundo de Huxley parece estar permeada por esa sexualización de la sociedad y hasta las películas son experiencias más pornográficas que culturales.

Waddell explicó que, con ello, en cierta medida predijo lo que el escritor inglés J.G. Ballard –quien vino un poco más tarde, un par de generaciones después–, describió como sexualización de la vida.

«Lo impregna todo. Se le puede llamar erotización, pornografización o como quieras, pero Huxley percibe con gran claridad que, en cierto sentido, así es como se captura a la gente, como se captura su imaginación», dijo el profesor.

«Seduciéndola, literalmente, a través de una versión sexualizada de la cultura», agregó.

En lo que no acertó

Una marcha del orgullo gay celebrando 25 años del matrimonio gay en Países Bajos.
Pie de foto,A pesar de la hipersexualización de la sociedad de Huxley, no hay referencia a distintas preferencias sexuales.

Evidentemente, «Un mundo feliz» es una novela y no un texto con fines predictivos, pero analizar algunas de sus omisiones o equivocaciones nos puede ayudar a entender mejor la mente de su autor y la época que vivía, señalan los expertos.

«Creo que algo que Huxley no logró prever o anticipar es hasta qué punto las jerarquías sociales de su época se disolverían o erosionarían con la llegada de los derechos de la mujer, los derechos civiles y los derechos de los homosexuales», dijo Greenberg.

«Resulta interesante, por ejemplo, que a pesar de toda la apertura sexual que hay en su libro, no aparezca la homosexualidad o al menos no de forma explícita», continuó.

«Por un lado, en ‘Un mundo feliz’ vemos toda esa promiscuidad sexual, pero, por otro lado, todo es heterosexual».

Además, Huxley falló en algo que otras novelas de la época sí exploraron y es la conectividad de nuestro mundo actual, contó Waddell: «[El inglés] E.M. Forster escribió un cuento –o más bien una serie de cuentos– a principios del siglo XX; uno de ellos, The Machine Stops (‘La máquina se detiene’), es considerado de las primeras obras distópicas».

«Y habla sobre la conectividad, sobre estar en contacto con personas de todo el mundo. Es un aspecto que no parece tener tanto peso en ‘Un mundo feliz'».

Una mujer mayor con un teléfono tradicional.
Pie de foto,La tecnología de comunicación más avanzada en el momento en el que se publicó la novela era el teléfono.

Greenberg explicó que «la gente vuela de un lado a otro y viaja para verse en persona; pero no existe esa sensación de poder simplemente establecer una conexión y aparecer allí instantáneamente».

Tampoco se cumplió el fin de la familia como núcleo importante de la sociedad, tal como retrataba Huxley: «Creo que la familia –aunque existan diferentes versiones de ella y no todas tengan exactamente el mismo aspecto– sigue ocupando un lugar central como institución en nuestra cultura».

Pero más allá de sus falencias, hay algo que Huxley parece haber captado de nuestra realidad y es su ambivalencia, según dijo Waddell: «La visión de Huxley de un futuro que se queda grabada en la mente, es a la vez un testimonio del ingenio del animal humano y una señal inequívoca de cómo eso mismo corromperá al ser humano».

«Así que es algo profundamente ambivalente, una especie de dualidad, un tipo de proceso de imaginación».

La portada del clásico Un mundo feliz, de Penguin Random House

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