3 claves que explican por qué el duelo final entre Flávio Bolsonaro y Lula en Brasil es crucial para América Latina (y para Trump en EEUU)

Al votar este domingo, Brasil elegirá mucho más que un presidente entre Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva: también determinará un rumbo político para toda América Latina y la influencia continental de Estados Unidos.

Es difícil imaginar una elección más trascendente para la región como la que tienen 158 millones de brasileños habilitados a sufragar en este balotaje.

Hay contrastes extremos entre el derechista Bolsonaro, quien tiene 45 años y dio la sorpresa al ganar la primera vuelta, y el actual presidente Lula, un exsindicalista de 80 años y referente de la izquierda regional.

La diferencia en votos válidos entre ambos candidatos el 4 de octubre fue de 1,9 puntos porcentuales, la menor registrada en una primera vuelta desde que Brasil recuperó la democracia, y algunas encuestas mostraban un empate técnico antes del domingo.

Bolsonaro intenta llegar por primera vez a la presidencia ejercida antes por su padre, el ultra Jair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado tras perder la reelección en 2022 ante Lula, quien ahora busca su cuarto mandato.

A nivel doméstico, Bolsonaro propone liberalismo económico, reducción de impuestos y mano dura en seguridad, mientras que Lula plantea ampliar el rol del Estado, fortalecer políticas sociales y ampliar derechos de trabajadores.

Ya sea por sus grandes discrepancias, la coyuntura especial del continente o el enorme tamaño de Brasil, expertos advierten que este balotaje repercutirá más allá de las fronteras del país.

«Es una elección crucial para la región», dice Edgar Franco-Vivanco, un profesor de ciencias políticas que dirige el Centro de Elecciones de América Latina de la Universidad de Michigan, en diálogo con BBC Mundo.

Hay tres claves que explican semejante relevancia:

1. La ola de derecha

Las siete elecciones presidenciales celebradas en Latinoamérica desde 2025 coronaron a candidatos de derecha, un fenómeno insólito que recibiría su mayor impulso si el domingo triunfara Bolsonaro.

«Brasil es no solo el país más grande en términos de población (en América Latina), sino que también es la economía más importante. Entonces, que pueda unirse a esta ola de derecha generaría muchos cambios», explica Franco-Vivanco.

El presidente de Argentina, Javier Milei, aplaude mientras el candidato presidencial de derecha de Brasil, Flavio Bolsonaro, sostiene unas tijeras gigantes durante la presentación de su candidatura en la convención del Partido Liberal, celebrada en São Paulo (Brasil) el 25 de julio de 2026.
Pie de foto,Bolsonaro ha mostrado una gran tijera para representar su deseo de cortar el gasto público en Brasil, como su aliado Milei hizo con una motosierra en Argentina.

Bolsonaro tiene varias semejanzas con los derechistas radicales que hoy gobiernan en la región aliados con el presidente de EE.UU., Donald Trump.

Sus planes de seguridad pública incluyen movilizar a militares contra grupos criminales y construir cárceles de máxima seguridad inspiradas en la que instaló el presidente salvadoreño Nayib Bukele para pandilleros, pese a las denuncias de que allí ocurren graves abusos.

Bolsonaro también prevé aplicar un ajuste fiscal con drásticos recortes de gastos, como lo hacen el presidente argentino Javier Milei, quien participó del lanzamiento de la campaña del brasileño, y el chileno José Antonio Kast.

En conjunto, eso podría constituir el mayor esfuerzo para reducir los Estados de la región desde las reformas neoliberales de fines del siglo pasado.

Bolsonaro ha evitado explicar cómo cortará el gasto público en el equivalente a 1,5% del PIB, como plantea. Y algunos economistas dudan de que pueda hacerlo sin reducir el presupuesto social, aunque tenga mayorías en el Congreso.

«Si él decide tocar el salario mínimo, la pensiones y los programas sociales, el país será un caos», sostiene la brasileña Monica de Bolle, investigadora principal del Instituto Peterson de Economía Internacional. «En las calles hay un montón de gente señalando que no aceptará un ajuste por esa vía».

Simpatizantes de Lula muestran una imagen con el rostro del presidente brasileño y banderas de Brasil y el Partido de los Trabajadores durante un acto político en Río de Janeiro el 18 de octubre de 2026.
Pie de foto,Los partidarios de Lula han salido a las calles de Brasil tras la primera vuelta electoral para expresar su apoyo al presidente y rechazo a Bolsonaro.

El balotaje podría incluso tener un impacto medioambiental en la región.

Bajo un gobierno de Bolsonaro puede aumentar la deforestación de la Amazonia, como ocurrió durante el mandato de su padre por la reducción de controles gubernamentales y una mayor tolerancia de actividades agropecuarias o mineras, sostienen expertos.

En cambio, durante el actual gobierno de Lula la destrucción de la mayor selva tropical cayó este año al menor nivel registrado en casi cuatro décadas, según datos oficiales.

La Evaluación de la Declaración Forestal, que reúne a grupos civiles que monitorean la deforestación, indicó este mes que «los cambios derivados de las recientes elecciones en Colombia y Perú, así como las venideras en Brasil, podrían amenazar la protección de los bosques en países que han estado al frente de avances recientes».

«La Amazonia abarca varios países y ahí el avance de la extrema derecha es relevante, porque no tiene una agenda medioambiental compatible con las ideas de preservación del medio ambiente (y) transición energética», dice De Bolle a BBC Mundo.

En el plano comercial, Bolsonaro ha planteado que Brasil pueda «liberarse de las amarras del Mercosur» para buscar acuerdos con países como EE.UU. al igual que hizo Milei en Argentina (que integra el bloque junto con Paraguay y Uruguay), lo cual generó críticas del gobierno de Lula.

2. El peso regional de Trump

Un triunfo de Bolsonaro también permitiría a Trump extender a casi toda Sudamérica el predominio hemisférico que busca desde que volvió a la Casa Blanca el año pasado.

Bajo su mandato, EE.UU. ha amenazado y castigado gobiernos de la región, se inmiscuyó en elecciones de algunos países a favor de sus aliados, atacó a Venezuela para arrestar a su presidente y controlar su industria petrolera, y mató más de 230 personas al bombardear barcos en aguas del Caribe y el Pacífico en nombre de la guerra contra las drogas.

«Desde el inicio de 2025, hemos visto esa presencia cada vez más violenta, agresiva de EE.UU. en la región. Y Brasil es una pieza clave», señala Carolina Pedroso, profesora de relaciones internacionales en la Universidad Federal de São Paulo.

Donald Trump habla durante una cumbre del Escudo de las Américas en Miami, Estados Unidos, en marzo de 2026.
Pie de foto,Donald Trump lanzó la alianza del Escudo de las Américas para promover los intereses de EE.UU. con aliados en la región a los que podría sumarse Brasil.

Brasil, al igual que México, ha quedado hasta ahora al margen de una alianza creada por Washington con 14 países de la región denominada Escudo de las Américas, cuyo primer objetivo declarado es combatir a organizaciones narco.

Algunos de esos socios de EE.UU., como Ecuador y Colombia, han aceptado que EE.UU realice operativos militares conjuntos dentro de sus territorios.

El gobierno de Lula ha visto con recelo esta ofensiva de Washington, así como la inclusión de dos grupos criminales de Brasil entre las organizaciones «terroristas» perseguidas, por entender que podría abrir la puerta a acciones de EE.UU. en la frontera o dentro de su propio territorio.

«Brasil no cabe en el patio trasero de nadie», dijo Lula ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre, y advirtió sobre «tentaciones hegemónicas» en la región.

Por su lado, Bolsonaro declaró en una reciente conversación con el presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, que quiere ser parte del Escudo de las Américas «para combatir a esas facciones narcoterroristas» en cooperación con los países que la integran.

El padre del candidato derechista brasileño ha sido un estrecho aliado de Trump, quien el año pasado presionó sin éxito a Brasil para que detuviera el juicio al expresidente por tentativa de golpe de Estado argumentando que era una persecución política.

«Una derrota de Lula, en ese sentido, sería una gran victoria para Trump, para esa agenda (…) de aumentar la presencia militar y económica de EE.UU. en la región», dice Pedroso a BBC Mundo.

Una imagen de Donald Trump junto a las banderas de Estados Undios, Israel y Brasil en un acto de partidarios del candidato Flávio Bolsonaro para las elecciones de Brasil en 2026
Pie de foto,Muchos bolsonaristas apelan al apoyo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su pulso con Lula.

Agrega que un triunfo de Bolsonaro también podría facilitarle a EE.UU. la promoción de intereses en Brasil como la explotación de tierras raras, que tienen elementos clave para la alta tecnología y para su pulso global con China.

El Escudo de las Américas ya ha indicado que busca ampliar su agenda a otras áreas estratégicas.

Los países de esa coalición declararon en septiembre su intención de emprender acciones para fortalecer «la cooperación económica» y «proteger las cadenas de suministro de minerales críticos a través de un abastecimiento diversificado y confiable».

3. El acto final de Lula

El balotaje de Brasil determinará también el acto final de uno de los políticos más importantes de América Latina en este siglo: Lula da Silva.

A punto de cumplir los 81 años, el hombre que nació en la pobreza, fue tornero mecánico, líder sindical durante la dictadura militar y en 2006 se volvió el primer exobrero en presidir Brasil, ha indicado que esta es la última elección que disputa.

Sus dos primeros mandatos llamaron la atención mundial y guiaron a otros gobiernos de izquierda por los programas sociales que sacaron a millones de brasileños de la pobreza, en medio de un boom económico por los altos precios de materias primas.

A diferencia de algunos líderes izquierdistas latinoamericanos que evitó criticar con firmeza, Lula respetó las reglas democráticas y en 2011 dejó la presidencia con más de 80% de popularidad.

Pero los gobiernos de su Partido de los Trabajadores (PT) también tuvieron escándalos de corrupción. El propio Lula pasó 19 meses preso entre 2018 y 2019, debido a una condena luego anulada por errores procesales y falta de imparcialidad del juez.

Lula saluda con sus manos luego de votar en la primera vuelta del 4 de octubre de 2026 en São Paulo (Brasil).
Pie de foto,Figura de la izquierda latinoamericana, Lula ha indicado que esta elección, la octava que disputa, podría ser la última de su carrera política.

En 2022, Lula volvió al poder aliado con sectores de centroderecha ante los temores a una deriva autoritaria del entonces presidente Jair Bolsonaro, el drama de una crisis económica y una pandemia devastadora.

Brasil recobró desde entonces cierta normalidad y estabilidad, pero sin las altas tasas de crecimiento económico de los primeros mandatos de Lula y con niveles preocupantes de endeudamiento en el gobierno y en las familias.

En la primera vuelta de estas elecciones, Lula mantuvo un alto apoyo de los más pobres, pero perdió votos de casi todas las clases sociales respecto a 2022.

Eso sugiere que para el octogenario presidente es cada vez más difícil sostener su vieja conexión con los brasileños y vencer la marea de votos-castigo a los partidos en el poder que recorre Latinoamérica.

Una victoria de Lula el domingo tendría un sabor especial para él y mantendría bajo control de la izquierda el gobierno de los países latinoamericanos más populosos, Brasil y México.

«Sería uno de los triunfos más importantes de Lula en su larga carrera», sostiene Franco-Vivanco. «Darle la vuelta en tres semanas de primera a segunda ronda parece muy complicado, pero quizás sólo un político como Lula podría hacerlo: definitivamente sería un respiro para la izquierda».

De lo contrario, el presidente brasileño dejaría el poder derrotado. Y el desamparo inundaría a la izquierda latinoamericana.

BBC News Mundo