3 formas entretenidas de retrasar el envejecimiento de nuestro cerebro

A nuestro cerebro le sientan de maravilla los desafíos; sin embargo, no todo tiene que ser un trabajo arduo para obtener beneficios para la salud.

Aquí te presentamos tres formas sencillas y divertidas para proteger nuestros cerebros a medida que vamos envejeciendo.

Si tuvieras dos opciones —una tarea fácil y otra difícil—, ¿cuál elegirías? Lo más probable es que todos optáramos por la tarea fácil, y con razón.

Tomar atajos mentales es algo inherente a nuestra biología, una estrategia evolutiva diseñada para conservar nuestra energía.

La tecnología no ha hecho más que potenciar esta capacidad. Es por esto que nos resulta tan tentador tomar atajos y completar las tareas con la menor fricción posible.

Sin embargo, si esto conlleva una reducción del esfuerzo mental, podría estar perjudicando nuestra longevidad y nuestra salud general.

Nuestro periodo de «vida saludable» —es decir, el número de años que las personas pasan gozando de buena salud— está disminuyendo en muchas partes del mundo.

Según señalan los investigadores, a medida que las personas viven más años, tiende a aumentar el número de años que pasan con problemas de salud.

Una muchacha vestida con jeans y camisa azul está recostada sobre un sillón negro, mientras mira su teléfono móvil.
Pie de foto,La tecnología nos está haciendo la vida cada vez más fácil. Pero ¿qué efectos tiene esto en nuestro cuerpo?

En cuanto al cerebro, existen medidas que se pueden adoptar para fomentar una vida saludable más prolongada.

En esencia, cuando participamos en actividades «desafiantes» estamos construyendo lo que se conoce como «reserva cognitiva», la cual ejerce un efecto protector sobre el cerebro.

Y hay muchas maneras de hacerlo en nuestro día a día.

«Tengamos la edad que tengamos, hay cosas que podemos hacer —en mayor o menor medida— que podrían dar un pequeño impulso a nuestras habilidades cognitivas», afirma el psicólogo Alan Gow, de la Universidad Heriot-Watt en Edimburgo (Escocia).

Y la buena noticia es que no necesitamos realizar una transformación radical de nuestras rutinas: basta con introducir pequeños cambios graduales en los ámbitos físico, social y mental para proteger nuestro cerebro.

A continuación, te presentamos tres de las opciones más gratificantes para empezar.

1. Navegación espacial

Dos hombres van caminando junto a una mujer por lo que pareciera ser un destino turístico en Medio Oriente. El hombre de la derecha lleva un sombrero y un mapa en las manos.
Pie de foto,Perderse en nuevos lugares y encontrar la salida pone a funcionar el cerebro de distintas maneras.

Una estrategia para protegerse contra el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento consiste en centrarse en una parte específica del cerebro.

Se cree que el hipocampo —el área cerebral fundamental para la navegación espacial— es la primera parte del cerebro que resulta afectada por la enfermedad de Alzheimer, varios años antes de que comiencen a manifestarse los síntomas.

«Desde hace años sabemos que las personas con Alzheimer a menudo se desorientan; este suele ser uno de los síntomas iniciales», expone el neurólogo Dennis Chan, del University College London (Reino Unido), quien se especializa en la detección temprana de la enfermedad.

Y una detección temprana es crucial, añade: «Cuanto antes identifiquemos [los deterioros cognitivos], más rápido podremos tomar medidas al respecto».

Por consiguiente, proteger esta zona del cerebro podría contribuir a prevenir o retrasar la aparición de los síntomas.

Por ejemplo, diversos estudios revelan que los conductores de ambulancias y de taxis presentan una de las tasas de mortalidad asociada al Alzheimer más bajas en comparación con otras profesiones; esto se debe, según proponen los investigadores, precisamente a que dichos conductores han ejercitado en mayor medida su cerebro en tareas de «procesamiento espacial».

Asimismo, se sabe desde hace tiempo que los taxistas que han dedicado años a memorizar el callejero de la ciudad sin recurrir a mapas poseen un hipocampo de mayor tamaño.

La conductora de una ambulancia, con una gran chaqueta naranja, sonríe a su compañero quien está sentado en el asiento del copiloto.
Pie de foto,Profesionales como los conductores de ambulancia o de taxi suelen tener una menor mortalidad por Alzheimer en comparación con otras ocupaciones.

Del mismo modo, un estudio realizado con hombres sanos que realizaron una tarea de navegación espacial durante cuatro meses reveló una mejora en sus habilidades de orientación y ninguna pérdida de volumen hipocampal; en cambio, los participantes del grupo de control (aquellos que no realizaron la tarea) sí experimentaron la contracción cerebral esperada asociada al envejecimiento.

No está claro si potenciar esta región del cerebro podría prevenir la demencia, pero generar una mayor reserva cognitiva podría ofrecer una protección adicional.

Esto ayuda a explicar por qué, tal como señala Chan, los análisis cerebrales post mortem han revelado que algunos ancianos presentaban extensas alteraciones en el tejido cerebral asociadas al Alzheimer, a pesar de no haber manifestado síntoma alguno en vida.

Una de las razones de este fenómeno, según él, radica en que su «andamio cerebral» debía ser sumamente robusto —posiblemente gracias a su estilo de vida, si bien se cree que los factores genéticos también desempeñan un papel importante.

Y, a pesar del creciente riesgo de demencia a medida que envejecemos, Chan sostiene que el hecho de que haya personas que no manifiestan síntomas debería resultar alentador para todos nosotros.

Dos amigas usando un mapa para ubicarse.
Pie de foto,Aprender a ubicarte sin usar el teléfono puede ser una manera sencilla de ejercitar tu cerebro.

«Por lo general, se trata de personas físicamente activas, intelectualmente más activas y con una vida social más intensa».

Todos podemos esforzarnos en potenciar nuestras habilidades espaciales mediante deportes como la orientación o, en el caso de los niños, jugando con bloques de construcción.

Averiguar cómo llegar a un destino sin recurrir al mapa del teléfono móvil también podría resultar beneficioso, dado que el uso del GPS se ha asociado a un deterioro de la memoria espacial.

Asimismo, existen videojuegos que podrían ser de ayuda si están diseñados con el debido rigor.

Por ejemplo, un pequeño estudio realizado con adultos mayores reveló que aquellos que jugaron a un videojuego de navegación espacial en realidad virtual experimentaron una mejora en su memoria.

No obstante, vale la pena destacar que este juego fue diseñado específicamente por investigadores; por lo tanto, esto no implica necesariamente que nuestro videojuego favorito vaya a ayudar a mejorar nuestra memoria.

2. Una vida social activa

Una mesa con distintos platos en la noche y un grupo de amigos que se reunió a cenar.
Pie de foto,Las personas más activas socialmente muestran un menor deterioro cognitivo que las más retraídas.

En consonancia con esto, numerosas líneas de investigación han demostrado que mantenernos socialmente activos nos protege del deterioro cognitivo.

Por ejemplo, los centenarios que tienen una mayor participación en la sociedad tiene una mejor salud cerebral, mientras que participar en actividades sociales durante la mediana edad se ha asociado con una mayor capacidad cognitiva general en la vejez.

Esto también ha sido corroborado por un amplio estudio observacional, que halló que aquellas personas que se mantuvieron más activas socialmente durante la mediana y la tercera edad presentaban un riesgo de demencia entre un 30% y un 50% menor, dado que dicha actividad aumentaba su reserva cognitiva, tal como señalan los autores.

Mantenerse socialmente activo también puede retrasar la aparición de los síntomas.

Según un estudio realizado con 1.923 participantes de edad avanzada —y centrándose en aquellos que terminaron desarrollando demencia—, quienes habían sido menos activos socialmente desarrollaron la enfermedad cinco años antes que aquellos que fueron más activos.

Se cree que esto se debe a que mantener una vida social activa ayuda a reducir el estrés, haciéndonos más resilientes ante los desafíos de la vida.

El estrés crónico, por el contrario, se ha vinculado con la pérdida de neuronas en el hipocampo.

Un grupo de mujeres conversando.
Pie de foto,Una conversación estimulante proporciona beneficios para la salud del cerebro.

«El factor protector reside en la capacidad de dialogar, debatir y compartir ideas. Esas conversaciones también pueden ejercer un efecto protector sobre el cerebro», afirma Pamela Almeida-Meza, epidemióloga del King’s College de Londres.

Cuando interactuamos con otras personas, ponemos en funcionamiento numerosas áreas del cerebro: desde las relacionadas con el lenguaje y la memoria hasta las implicadas en la planificación a futuro.

«Existe un componente cognitivo que estimula la mente. Por tanto, esto podría favorecer la salud cerebral; pero también sabemos que mantener buenas conexiones sociales reduce una serie de factores estresantes de índole fisiológica», señala Gow.

3. Aprendizaje de por vida

Un hombre reparando una tarjeta de memoria de un computador. Sostiene una lupa en su mano.

Un importante factor predictivo de un buen envejecimiento es la cantidad de años que un individuo le dedica a la educación.

Aquellas personas que pasan más tiempo formándose presentan un riesgo reducido de desarrollar demencia.

El aprendizaje a lo largo de toda la vida puede contribuir a fomentar los mismos beneficios protectores para la salud.

Nuestro cerebro prospera ante los desafíos y la novedad, ya que esto fortalece las áreas cerebrales más vulnerables al envejecimiento.

Se ha demostrado que, al mantener activo nuestro cerebro, se ralentiza el deterioro cognitivo.

Una razón fundamental de este fenómeno es que el aprendizaje genera nuevas neuronas y, al mismo tiempo, fortalece las ya existentes, lo cual puede actuar como un mecanismo de protección frente al envejecimiento y la muerte celular.

Esto constituye la neuroplasticidad en acción: la capacidad del cerebro para adaptarse y transformarse a lo largo de toda nuestra vida.

«Es precisamente esa plasticidad, y esa capacidad de regenerar nuevas células nerviosas y sinapsis, lo que confiere a las personas resiliencia frente al Alzheimer», afirma Chan.

Una mujer toma notas sobre un libro de texto que lee.
Pie de foto,El aprender cosas nuevas exige a las áreas del cerebro que más se afectan con la demencia.

Todos podemos aumentar nuestra reserva cognitiva a medida que envejecemos.

En un estudio longitudinal que siguió a los participantes desde la infancia hasta finales de sus 60 años, Almeida-Meza y sus colegas descubrieron que la reserva cognitiva aumentaba mediante actividades enriquecedoras, tales como la educación y las actividades de ocio.

Aquellos que la desarrollaron mostraron un menor deterioro de la memoria, incluso aquellos que obtuvieron puntuaciones bajas en las pruebas cognitivas durante su infancia.

Si bien podemos beneficiarnos a cualquier edad, esto resulta particularmente importante en las etapas más avanzadas de la vida, apunta Almeida-Meza.

Esto se debe a que, a medida que envejecemos, nuestra vida cotidiana se vuelve más rutinaria y disponemos de menos oportunidades para aprender.

Existen diversas formas de lograrlo: se puede probar con la jardinería —que se ha demostrado ayuda a preservar la función cognitiva—, unirse a un club de lectura o, simplemente, comentar lo que se está leyendo con un amigo.

En definitiva, lo que queda claro es que cualquier actividad que estimule el cerebro resulta beneficiosa para la salud integral, ya sea elegir una ruta nueva para caminar, leer a Proust o priorizar las relaciones sociales.

Todo ello contribuye a forjar un cerebro resiliente y a ralentizar el deterioro asociado al envejecimiento, haciendo, además, que la vida resulte más gratificante en el proceso.

Este es una adaptación al español de un articulo publicado inicialmente por BBC Future. Si quieres leer el original, en inglés, haz clic aquí.

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