Un estudio de la droga ‘cristal’ deja al descubierto los sectores donde su frecuencia de consumo demanda mayor atención.
Monterrey.- El área metropolitana de Monterrey tiene 164 asentamientos donde el riesgo por consumo de drogas alcanza el nivel de mayor urgencia, de acuerdo con el Estudio Básico de Comunidad Objetivo 2024-2030 de los Centros de Integración Juvenil.
Su identificación da seguimiento al avance del cristal, la droga de mayor crecimiento entre los pacientes atendidos en Nuevo León. Estos asentamientos están clasificados como Zonas de Alto Riesgo de Atención Prioritaria, la categoría más alta de un ordenamiento de tres niveles que incluye también las de Alto Riesgo y las de Medio y Bajo Riesgo.
El término asentamiento abarca colonias, fraccionamientos, unidades habitacionales y también ejidos.
A los 164 de atención prioritaria se suman decenas más catalogados como de alto riesgo, lo que amplía el universo de zonas donde se advierten condiciones que favorecen el consumo.
San Nicolás de los Garza concentra la mayor cantidad, con 72 asentamientos de atención prioritaria, seguido de Monterrey con 46. Guadalupe y Apodaca registran 23 cada uno.
En San Nicolás, las zonas se agrupan en dos núcleos: Santo Domingo, que incluye varias colonias Fomerrey, y el Nogalar. Dentro del municipio de Monterrey se distribuyen entre el norte y el poniente, en colonias como Independencia, Fierro, Tierra y Libertad y San Bernabé.
En Guadalupe la concentración aparece en el sur, en asentamientos como Tierra Propia, Xochimilco y Tamaulipas. En Apodaca, en el corredor que va del Mezquital a Cosmópolis y en la zona de Huinalá.
El estudio define estas zonas como aquellas donde se reúnen el deterioro social, la falta de oportunidades y el fácil acceso a las sustancias, los mismos factores que explican el ascenso del cristal.
En 2004, apenas 2.3% de los pacientes atendidos en los Centros de Integración Juvenil del estado había probado metanfetamina; para el primer semestre de 2024, la cifra llegó a 47.4%, según el Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones.
Priscila Garza Moreno, responsable de la unidad Guadalupe de los Centros de Integración Juvenil, señaló que la disponibilidad de la sustancia es uno de los principales impulsores del consumo, con causas que varían según la edad.
“Hay compañeros en la escuela que empiezan a hablar de la sustancia, de cómo las consumen, de cómo las consiguen, y hay cierta curiosidad de parte de los adolescentes que los lleva a buscar experimentar este consumo”, explicó. En los adultos, dijo, pesan otros factores.
“Mucho de lo que influye para que las personas consuman ya en edad más adulta tiene que ver con el estrés experimentado”, mencionó, y agregó que algunos pacientes identifican el consumo como una vía de escape. “Muchos de los pacientes precisamente comentan que el consumo de sustancias los ayuda a evadir la realidad; salir de esa realidad estresante para ellos es como un escape”, señaló.
El deterioro rara vez es inmediato. La edad promedio de inicio en el consumo de drogas ilícitas es de 17.6 años, y la solicitud de ayuda llega, en promedio, a los 25.5: alrededor de ocho años entre el primer contacto y el momento en que el daño obliga a buscar tratamiento.
Más de la mitad de los pacientes estaba empleado al ingresar a rehabilitación, lo que ubica el consumo en plena etapa productiva.
ABC Noticias