Las 24 horas de caos de OpenAI: una demanda de Apple era apenas el inicio para la mayor tormenta que ha recibido la casa de ChatGPT

A pocas semanas de una resonante victoria sobre Elon Musk, el frente legal de OpenAI se ha visto complicado con acusaciones mucho más sustanciales de espionaje industrial y obstrucción a la justicia.

La que prometía ser una semana crucial para OpenAI en su camino hacia una oferta pública de venta (IPO) destinada a romper todos los récords se transformó de pronto en su peor pesadilla. En apenas 24 horas, la firma liderada por Sam Altman recibió un aluvión de malas noticias, que van desde deserciones clave en su cúpula directiva y demandas millonarias de gigantes tecnológicos, hasta acusaciones muy serias de incumplimiento de sanciones geopolíticas. Más allá de las consecuencias inmediatas de cada uno de estos reveses, el caos que dibujan desafía por completo la narrativa de estabilidad detrás de una firma pionera en la carrera por la IA.

Talentos en fuga

Las grietas más profundas de OpenAI parecen originarse directamente en su propia cúpula. La primera noticia, que dejó perplejos a muchos en Silicon Valley, fue la renuncia de Fidji Simo.

Fidji Simo

Hace apenas algo más de un año, en mayo de 2025, el propio Sam Altman, CEO de OpenAI, anunció al mundo la llegada de Simo, bajo su supervisión directa, en calidad de directora ejecutiva de Aplicaciones. En su momento, Altman dijo: “Fidji -que hacía parte de la Junta Directiva- está especialmente cualificada para liderar el área de Aplicaciones, que articula los esfuerzos de equipos tanto empresariales como operativos responsables de llevar la investigación y el desarrollo de IA a la práctica”.

Pero ahora la responsable del despliegue de los desarrollos de la compañía -y la timonel de su avance hacia la inteligencia artificial general- se retira por motivos de salud. Según informó Fortune en 2021, Simo fue diagnosticada con síndrome de taquicardia postural, o POTS, en 2019. Inicialmente recibió varios diagnósticos erróneos, incluyendo uno que atribuía su fatiga crónica al hecho de ser una “madre cansada”.

El problema es que su salida, aunque perfectamente explicable, se suma a varias otras, que acumulativamente sugieren una hemorragia, una fuga masiva en los círculos más críticos de la compañía y, de manera particular, en sus equipos de seguridad. Esta semana se informó de la renuncia de Johannes Heidecke, jefe de Sistemas de Seguridad. 

Según Wired, la salida de Heidecke coincide con una controvertida reestructuración interna que busca integrar los equipos de seguridad e investigación de OpenAI. Pero en este punto, que renuncie el jefe de seguridad de OpenAI es un titular tan trillado que Mike Pearl de Gizmodo escribió: “Parece que prácticamente siempre hay un jefe de seguridad en OpenAI que se está yendo”.

De hecho, fue más allá y preparó una cronología que da cuenta de cómo Jan Laike, que lideró el equipo Superalignment de OpenAI, dejó ese cargo en mayo de 2024, lo que condujo a la disolución de esa unidad. Solo cinco meses después, Miles Brundage, que lideraba la «preparación para la AGI», abandonó la compañía. Por su parte, Andrea Vallone, que lideró la investigación de seguridad relacionada con la salud mental, se marchó un año después.

Este año, en febrero, se disolvió el equipo «Alineación de Misiones». De esa disolución emergió Josh Achiam como «futurista principal» de la compañía. Hace una semana, Achiam dimitió. Cuatro días después se conoció la salida de Heidecke.

Guerra en los tribunales

A pocas semanas de una resonante victoria sobre Elon Musk, el frente legal de OpenAI se ha visto complicado con acusaciones mucho más sustanciales de espionaje industrial y obstrucción a la justicia.

El primer movimiento lo hizo Apple, que demandó a la empresa de Sam Altman por robo de secretos comerciales. Lejos de indicios o sospechas, la firma de Cupertino acusa a la startup de orquestar el robo sistemático de secretos de diseño y hardware a través de la contratación de ex ingenieros de Apple (incluyendo a su actual jefe de hardware, Tang Tan), con el fin de acelerar la creación de dispositivos físicos impulsados por IA que compitan directamente con el ecosistema de Cupertino.

Nyt

El segundo movimiento lo protagonizó The New York Times, posiblemente el periódico más respetado de EE. UU. El diario neoyorquino, junto al New York Daily News y otros 15 medios de comunicación, le pide a tribunal federal de Manhattan que imponga sanciones a OpenAI retener y destruir pruebas en una demanda de derechos de autor de alto riesgo.

Aquí, el expediente completo.

La Associated Press informa que en el centro de la denuncia de los editores hay una acusación de que OpenAI engañó al tribunal al afirmar que carecía de la capacidad para buscar en sus sistemas material protegido por derechos de autor, una afirmación que los editores dicen que era falsa, dado que OpenAI había realizado exactamente dichas búsquedas antes de que cualquiera de las organizaciones de noticias iniciara acciones legales.

“Esta moción pide al tribunal que castigue a OpenAI por ocultar y destruir pruebas que muestran cómo ChatGPT fue entrenado en periodismo robado”, dijo Steve Lieberman, que representa al Daily News y a siete de sus periódicos hermanos.

Atlas y la conexión China

Pero la tormenta perfecta que acosa a OpenAI no se deriva solo de problemas internos o líos legales. La estrategia de producto y el cumplimiento normativo global de la startup también han quedado bajo la lupa.

Atlas

La primera bandera roja es el anuncio del cierre, apenas nueve meses después de su lanzamiento, del navegador impulsado por IA de la firma, ChatGPT Atlas. Según The Economic Times, “este movimiento llegó un día después de que la compañía lanzó ChatGPT Work, una nueva aplicación de escritorio que reúne ChatGPT, Codex y las capacidades del navegador en una sola plataforma”. Pero aunque la empresa enmarque la decisión como un paso asertivo para posicionar su “superApp”que la aventura de tener un navegador propio durara apenas tres trimestres es una señal de inestabilidad que de seguro va a intranquilizar a Wall Street.

A eso se suma una investigación del Financial Times que reveló que OpenAI y Google han estado suministrando acceso a sus modelos más avanzados (incluyendo GPT-5.6) a subsidiarias en Singapur de gigantes chinos como Alibaba, Tencent y Baidu, que se encuentran en la lista negra del Pentágono por sus lazos militares. 

Según el informe, las transacciones son legales en sentido estricto, porque las regulaciones estadounidenses vigentes no prohíben ampliamente que las empresas con sede china utilicen modelos avanzados de IA fuera de la China continental. Pero que se trate de un vacío legal no aplaca la ira inmediata de los legisladores en Washington, que ya intensificaron las demandas para imponer controles de exportación más estrictos al software de IA de vanguardia, similares a las restricciones existentes sobre la tecnología avanzada de semiconductores.

Con todos estos fuegos ardiendo, OpenAI se encuentra en modo control de daños, y ya numerosos analistas se preguntan si aplazará para 2027 su anticipada salida a bolsa. Más aún, procesos activos como el de Apple amenazan con frustrar las ambiciones de la empresa de IA en cuanto a dispositivos porque extienden un manto de duda sobre el proceder de la empresa y reviven temores de vieja data sobre su liderazgo. Como lo dijo Mark Gurman, en Bloomberg“las conclusiones legales a favor o en contra podrían tardar meses o años en materializarse, pero las consecuencias de la demanda probablemente se sientan de forma más inmediata — ya que la batalla legal podría poner en riesgo los planes de reclutamiento y desarrollo de productos”.

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