¿Puede un juguete sexual conseguir que los hombres experimenten el orgasmo femenino?

Esa es, al menos, la sugerente propuesta con la que acaba de irrumpir en el mercado de la juguetería sexual Arcwave Ion. Conocido mediáticamente como el ‘Satisfyer’ para hombres, este artilugio promete “intensificar la experiencia del orgasmo masculino mediante el uso de ondas de aire pulsantes que estimulan los receptores de Pacini, situados en la punta del pene (equivalentes a los que se encuentran en el clítoris y desencadenan los orgasmos más intensos)”, explica Johanna Rief, Head of Sexual Empowerment de Wow Tech.

Gracias a este aparato (cuyo precio de venta es 189 euros), ellos pueden sentir lo que experimentan ellas, aseguran sus fabricantes. La pregunta es: ¿cómo podemos saber lo que sienten unos y otras o en qué difiere?

Rief nos da su versión: “En los informes y encuestas previas que realizamos, nos dimos cuenta de que las mujeres aseguraban que percibían sus orgasmos de manera más variada e intensa que los hombres. A raíz de esto, nuestro equipo de Investigación y Desarrollo comenzó a profundizar en ese tema para intentar hallar el motivo. Los resultados obtenidos mostraron que las féminas experimentan una acumulación gradual hasta alcanzar el clímax, con una mayor variación, además de picos más nítidos visibles. Mientras que, en los varones, todos estos procesos son más ‘planos'”, asegura.

¿Afectan esas diferencias a nuestros respectivos ‘estados’ tras experimentarlos? “Los orgasmos tienen muchos beneficios para la salud: reducen el estrés, mejoran el sueño o estimulan el sistema inmunológico. Después de alcanzarlos, la liberación de sustancias químicas -como oxitocina, prolactina, ácido gamma-aminobutírico (GABA) y endorfinas- contribuyen a una sensación de relajación muscular y cansancio, que se produce por igual en ambos sexos. No obstante, según un estudio reciente, el 80% de los hombres encuestados sintieron la necesidad de dormir después del orgasmo, mientras que en las mujeres fueron solo un 46%”, explica Rief.

DIFÍCIL DE DEMOSTRAR

¿Qué opina Ana Sierra, nuestra sexóloga de cabecera en Zen, de todo esto? “En términos generales, me parece una campaña de márketing genial porque nadie puede demostrar lo contrario. No hay una forma de calibrar con exactitud las diferencias en la percepción del éxtasis por sexos porque ésta cambia incluso en cada persona, independientemente de que sea hombre o mujer. Aunque no cabe duda de que sentir cómo experimenta el orgasmo el sexo opuesto es una de las grandes fantasías que todos nos hemos planteado”, asevera.

Sierra justifica así su escepticismo. “Más allá de las características fisiológicas de cada sexo y de lo que implican, ¿cómo podemos saber exactamente qué siente cada persona? ¿Con un medidor de intensidad? Me temo que no, porque de esa manera sólo podemos observar unos parámetros físicos (frecuencia cardíaca, por ejemplo). Sin embargo, el orgasmo no sólo es una experiencia corporal, neuronal y hormonal, sino que también lo es psicológica y ahí es donde entra en juego la parte subjetiva o interpretativa del asunto“.

Es decir, por mucho que se mida “la activación cardíaca, muscular o cerebral, la mente manda y no tiene por qué experimentarse de la misma manera”.

Sierra relata que ha escuchado en innumerables ocasiones el testimonio de pacientes que “aseguraban haber sentido esas contracciones que produce el éxtasis pero no lo vivían como algo placentero; el aspecto psicólogo es fundamental”.

“Miedo a dejarse llevar, desconexión con las sensaciones físicas, estrés, complejos… Hay muchos motivos que explican esta falta de percepción del clímax. De ahí la importancia de disfrutar de una sexualidad consciente“, concluye. Con o sin juguetes.

elmundo.es

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