Datos del Servicio Sismológico Nacional muestran un aumento de la actividad telúrica en el estado, donde ya se han registrado 13 movimientos durante 2026
De acuerdo con especialistas, este escenario está relacionado con una mayor actividad geológica derivada del reacomodo de estructuras montañosas y, posiblemente, con el colapso de acuíferos que atraviesan procesos de abatimiento.
El riesgo adquiere mayor relevancia debido a que en Nuevo León persiste una limitada cultura de prevención ante terremotos, mientras que buena parte de la infraestructura no contempla protocolos específicos de resistencia sísmica.
Ante este panorama, la Coordinación Nacional de Protección Civil incluyó por primera vez a Nuevo León en un escenario del Simulacro Nacional, con la hipótesis de un sismo de magnitud 5.2 y epicentro a ocho kilómetros al oeste de Allende.
Los datos del Servicio Sismológico Nacional (SSN) revelan que entre 1900 y 2005 se documentaron al menos 50 sismos en Nuevo León. Sin embargo, entre 2005 y 2026 la cifra aumentó a 636 eventos, lo que representa un incremento de mil 170 por ciento.
Tan sólo en lo que va de 2026, el SSN contabiliza 13 movimientos telúricos en la entidad, con Linares como el municipio que concentra una mayor recurrencia. La magnitud de 3.7 ha sido la más común entre estos eventos.
Juan Carlos Montalvo, doctor en Sismología y subdirector de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la UANL, señaló que la inclusión de Nuevo León en los escenarios de riesgo sísmico de Protección Civil Nacional representa un cambio en la gestión de riesgos y evidencia la necesidad de fortalecer la prevención.
“Esta es la parte donde viene la conciencia de la población, de que podemos estar expuestos a terremotos de magnitud intermedia y que debemos saber cómo reaccionar, ubicar las salidas de emergencia y seguir todos los protocolos que dicta Protección Civil”, explicó.
El especialista recordó que Nuevo León ya cuenta con antecedentes de movimientos de consideración. En 2023, un sismo de magnitud 5.0 tuvo su epicentro al sur de Doctor Arroyo.
Además, los modelos estadísticos desarrollados por la UANL contemplan la posibilidad de movimientos de mayor intensidad. Según Montalvo, en promedio, cada 20 años podría registrarse un terremoto de magnitud 5; cada 55 años, uno de 5.5, y cada 200 años, uno de magnitud 6.
“Esta actividad sísmica, obviamente, no se compara con lo que ocurre en el Pacífico mexicano, pero en algún momento podemos estar expuestos a un terremoto de magnitud 5, 5.5 o incluso de 6 o 6.5”, advirtió.

Allende será escenario del Simulacro Nacional
La posibilidad de un movimiento telúrico en la entidad también será puesta a prueba durante el Segundo Simulacro Nacional 2026, programado para el próximo 19 de septiembre a las 12:00 horas.
Para la Zona Noreste, las autoridades plantearon un escenario hipotético de sismo con epicentro en Allende, Nuevo León, como parte de un ejercicio que busca evaluar la capacidad de respuesta de autoridades, instituciones, empresas y ciudadanía.
El simulacro también contempla escenarios de sismo en la Zona Centro, Zona Noroeste, Golfo de Tehuantepec y Península de Yucatán.
La Coordinación Nacional de Protección Civil convocó a instituciones públicas y privadas a participar con el objetivo de fortalecer los protocolos de actuación y fomentar una mayor preparación ante posibles emergencias.
Infraestructura, otro punto vulnerable
Uno de los principales retos para Nuevo León es la infraestructura, debido a que una parte importante de las edificaciones no contempla reglamentaciones ni protocolos específicos de resistencia sísmica.
Montalvo advirtió que esta situación puede incrementar la vulnerabilidad de viviendas, escuelas, hospitales y zonas industriales ante movimientos de magnitud intermedia.
“La construcción no sigue ningún protocolo derivado de una reglamentación vigente. Esto obliga a que la sociedad sepa qué hacer antes, durante y después de un terremoto”, señaló.
Los especialistas sostienen que la mayoría de los movimientos registrados en Nuevo León tienen un origen natural y responden a procesos geológicos propios de la región, aunque factores como el abatimiento de acuíferos también son considerados dentro del análisis de la actividad sísmica.
Con este panorama, el reto para Nuevo León no sólo está en monitorear los movimientos telúricos, sino en fortalecer la cultura de prevención, actualizar los protocolos de emergencia y preparar la infraestructura ante la posibilidad de un sismo de mayor magnitud.
El Horizonte